viernes, 19 de junio de 2009

Huītzilōpōchtli.

Aroma que vienes del sur,
Tus espaldas nadan sobre el viento,
Tu canto penetra mis letras,
Colores impregnados en tu cuerpo,
Sangre, delirio de tus sueños.


Naces sobre filo de espada,
Entre la orgía de las montañas,
Vuelas en nostalgias, sobre tus lágrimas,
Almas claras de fuerza indomable,
Estalactitas defensoras del divino.


Guerrero luminoso
Que haces milagros con tus rayos,
Desgarrante has partido la tierra,
Al dar a luz le has agotado,
Le has costado sus cosechas,
Sus esmeros.


Ella guardó esa semilla en su vientre,
Bóveda celeste llena de plumas,
Flores de algodón azulino,
Remolino impregnado entre cortinas,
Adorno en la habitación del planeta.


Ella, tu madre, te ha coronado como el dios,
Te ha investido y armado con sus fuerzas.
La tierra tiembla en la brutalidad de tus manos,
En medio del temblor gritas, guerrero de mil espadas.


Cortaste la cabeza de tu hermana,
Le honraste ante los ojos mortales,
De una punta del cielo le has colgado,
Alumbra mi sombra con su ropa terciopelo.


Dios azul, brilla en la neblina y líbranos,
Consérvanos con corona de victoria,
Haz llover sobre tus siervos tus rocíos,
Protege con tu pecho nuestra raza,
No nos eches a los buitres come ojos.


Brota del vientre de tu madre una vez más,
Sálvanos con tu rabia y poderío,
Guárdanos con tus plumas de colibrí,
Con tu canto de pavorreal hipnotízanos.


Escucha mi canto señor de las luces,
Tómame con tu calor en sacrificio,
Come mi corazón, resguarda el suyo,
Cuídala como si fueras yo, no la desampares.



Te encomiendo su alma y sus perlas,
Guarda a la mujer que llevo por inspiración,
Te lo suplico, cumple y me entrego a ti,
Tómame que soy tu esclavo.


En ti confío dios azul…



¡Oh gran Huitzilopochtli!


(c) Rafa Salinas.
2009

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